Sugerencias y matices del vino

Todo un amplio abanico de sensaciones, sugerencias, mensajes inequívocos e insinuaciones más o menos veladas proporciona el cuerpo líquido del vino. Cuerpo que comienza a caer en la copa casi como un accidente inesperado de color, pero que luego, tras suave balanceo, se asienta con un dominio posesivo que tiñe de púrpura el cristal e invita al gozo de lo inesperado, al calculado despertar de los sentidos.

La feminidad aromática del blanco se hermana con la varonil fuerza del tinto. Los blancos afilados, alegres, sinuosos, hirientes establecen un perfecto maridaje con los tintos carnosos y bien estructurados, que esconden la sensualidad más desbordada bajo unas capas de color violáceo y una mancha intensa en el cristal, en la frontera de la boca y en la memoria que sólo selecciona la sublimidad que se derrocha.

Casi siempre, la punzada adolescente del clarete anuncia tímidas audacias, pero luego se contiene en ese justo punto de expresividad cercano a la madurez. Ríe con una risa juvenil que no deja huella aparente en la epidermis, que se cree frutal y momentánea como un beso que estalla de repente, pero que luego, tras la pirotecnia de los primeros tragos, deja la marca de los amantes primerizos que llenaron de cicatrices y azúcar el territorio de los labios.

Retablo de color en las botellas de vino.

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2 comentarios en “Sugerencias y matices del vino”

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