Poesía y denuncia

La poesía llega a veces donde el lenguaje no lo hace y es por ello por lo que algunos pensamos que la poesía de denuncia social posee un doble efecto. Si alguien te cuenta un horror, puede llegarte al fondo, pero si además ese horror es descrito desde el lirismo, el horror mismo puede punzarte.

Anna Ajmátova (Bolshoi Fontan, 1889 – Domodédovo, 1966) se valió de su poesía para narrar los treinta años de la época Yézhovschina en la que el jefe de la policía de Stalin sembró el terror con detenciones, encarcelamientos y ejecuciones. Así lo argumenta en el en vez de prólogo de su obra Réquiem:

Diecisiete meses pasé haciendo cola a las puertas de la cárcel, en Leningrado, en los terribles años del terror de Yezhov. Un día alguien me reconoció. Detrás de mí, una mujer – los labios morados de frío – que nunca había oído mi nombre, salió del acorchamiento en que todos estábamos y me preguntó al oído (allí se hablaba solo en susurros):

 —¿Y usted puede dar cuenta de esto?
Yo le dije:
—Puedo
Y entonces algo como una sonrisa asomó a lo que había sido su rostro.

                                                                          Leningrado, 1 de abril de 1957

Réquiem es una obra compuesta por poemas, todos ellos fechados, escritos entre 1935 y 1943. El en vez de prólogo es de 1957 y todo ello está antecedido por una simple estrofa que Ajmátova escribió en 1961.

A pesar de los años, Ajmátova no vería ni éste ni otro libro publicado hasta 1961, momento en el que se publica Réquiem en Munich. Hasta esa fecha fue una voz silenciada por el régimen ya que cualquier intento de publicación se traducía en el encarcelamiento de su hijo y en el permanente sufrimiento de una poeta que a pesar de las dificultades, nunca abandonó la Unión Soviética.

No me amparaba ningún cielo extranjero,
no, alas extranjeras no me protegían.
Estaba entonces entre mi pueblo
y con él compartía su desgracia.

                                                      1961

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