Pionera

de Aurora Moreno Alcojor

Decir que fue una adelantada a su tiempo podría tacharse de tópico.  Recordar que es una de las escritoras olvidadas de la primera mitad del siglo XX es casi redundante —¿quién se atreve a nombrar a cinco mujeres intelectuales de la época?—, y denominarla como una de las primeras luchadoras contra el maltrato de género parecería una broma teniendo en cuenta que no se comenzó a hablar de este tema hasta bien entrados los 90.

Pero las tres afirmaciones son ciertas cuando nos referimos a Mercedes Pinto, escritora, dramaturga y poetisa que en 1923, recién llegada a Madrid desde su Tenerife natal (nació en Santa Cruz, en 1883) y poco después de que el general Primo de Rivera tomara el poder, se plantó en la Universidad Central de Madrid, tomó el micrófono y dio una conferencia titulada El divorcio como medida higiénica.

En ella reivindicaba lo que al dictador le pareció una aberración: la posibilidad de que la mujer pidiera el divorcio en casos de fuerza mayor, tales como el maltrato por parte del marido, cuando éste pudiera ser probado. El tema no le venía por casualidad: ella misma lo había sufrido en sus carnes debido a los trastornos psicológicos de su marido, al que tuvo que internar en una institución para enfermos. mentales. Pinto era consciente de que esto había sido posible para ella, nacida en una familia adinerada, pero impensable para el resto de mujeres españolas.

Por supuesto, iba a ser la primera y última vez que hablara en público en Madrid hasta mucho tiempo después. A los pocos días, supo que iba a ser desterrada a la isla de Bioko (Guinea). Antes de que la disposición tomara efecto, Pinto salía de España con dirección a Uruguay junto a su nuevo compañero, Rubén Rojo —con el que, allí sí, pudo casarse legalmente— y los dos hijos de su anterior matrimonio.

Comenzaba entonces su verdadera carrera: escribió su novela más conocida, Él, que llevaría al cine Buñuel en su etapa mexicana; publicó obras de teatro como Un señor…cualquiera, fundó su propia compañía y recorrió América Latina dando conferencias y escribiendo para distintos medios. Todo ello sobreponiéndose siempre a la condición de secundaria que la sociedad otorgaba a la mujer y a las rancias convicciones morales de la época.

Hoy, casi 35 años después de su muerte (falleció el 21 de octubre de 1976), parece que España, y Canarias en particular, comienza a recordarla. En su honor, nada mejor que disfrutar de la película Ella(s), de David Baute, o leer la obra de Juan Jesús Armas: Mercedes Pinto, una sombra familiar.

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