Montana palentina desde el parador de Cervera de Pisuerga

La luz es el lenguaje. Una luz que acaricia, como si fuera un beso primerizo en busca del temblor. Una luz que se asoma a las cumbres más altas para descubrir lo que se esconde en las caras ocultas de la realidad.

En sus balbuceos iniciales trenza las sílabas de un texto difuso que, cuando llega el mediodía, tiene ya los trazos firmes y adultos, y se yergue pletórico de rotundidad.

Tan rotundo que quizás en el mismo momento de su aparición ya comiencen a asomar los primeros intentos de abrasar los bordes del paisaje, las fronteras de un amor que pronto, con las próximas ascuas, se comenzará a agostar.

Luz de alba en la Montana Palentina.

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