El Balcón de la Ribera

Así se llama un mirador abierto en Valcavado, que permite contemplar gran parte de la ribera burgalesa del Duero.

Verdaderamente, el lugar es púlpito y balcón. Púlpito para oír los infinitos ruidos del campo y balcón para atisbar los sucesivos planos que conforman la urdimbre del paisaje.

Desde su espacio ajardinado se percibe el canto de los gallos, el sonido de un motor, la sinfonía de los pájaros. A veces, una ráfaga de aire trae entre sus células ecos de batallas y romances o un súbito oleaje de ramas y pétalos.

Desde el balcón se divisan las cepas sometidas al rigor de la geometría, los surcos agrupados en manchas pictóricas de un color que cambia con la luz, los pueblos apretados como una oración de adobe y soledad. Casi en el centro de la composición, la cuesta de Manvirgo, con perfil de busto femenino, se insinúa como plataforma misteriosa para que allí aterricen ángeles y espigas.

Verdes, amarillos y ocres. Alguna pincelada blanca, un atisbo de altivez en las piedras de una iglesia que a lo lejos se vislumbra. Verdes, amarillos y ocres. Contrasta la alegría nupcial de los frutales con la ceniza de algún chopo aún no florecido.

Valcavado de Roa (Burgos). Geometría pictórica desde el Balcón de la Ribera.

2 comentarios en “El Balcón de la Ribera”

  1. Gracias, Sempere, por el comentario y por seguir las intervenciones de este blog que sólo aspiran a mostrar algunas de las múltiples facetas que tiene la belleza.

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