Ciudad de Valencia. Patio del embajador Vich

A modo de preámbulo, debe precisarse que el embajador no era otro sino Jerónimo Vich y Valterra, caballero que, durante catorce años, ejerció dicho cargo en Roma ante los papas Julio II y León X en representación de Fernando el Católico y de Carlos I. Hasta 1521, año en el que fue relevado.

Fue a su regreso a Valencia cuando el diplomático, quizás sintiendo nostalgia de las mansiones frecuentadas en Roma, decidió construir su propio palacio. Pero en mármol de Génova.

Y así, durante varios siglos, en la ciudad del Turia refulgió un edificio considerado uno de los más deslumbrantes de la urbe y del Renacimiento hispánico. Pero en 1850 ya le acechaba una amenaza de ruina que, nueve años más tarde, se convirtió en orden de derribo.

Desde 2007, año en el que culminó la reconstrucción íntegra, el edificio visible en la fotografía se puede admirar en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Museo de Bellas Artes (Valencia). Patio del embajador Vich.

Más que la solemnidad y la belleza propias de un patio renacentista con sabor italiano, lo que subyuga es la atmósfera cromática que procuran los mármoles labrados y traídos de Génova.

Es ese ambiente sutil, el sentirse trasladado a otro siglo, el evocar un refinamiento que parece necesitar los óleos de Rafael, los versos de Petrarca y la música de clavicordio para completar el escenario.

O la notable colección de pinturas y esculturas que el señor embajador trajo consigo de Italia

Museo de Bellas Artes (Valencia). Patio del embajador Vich.
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