Caer en la cuenta

Siempre he adorado esta reflexión de José Jiménez Lozano:

Se puede tener gusto por la lectura o no, pero leer no es una cuestión de gusto o afición, sino una necesidad verdadera, y sólo necesitamos percatarnos de ella. El señor Miguel de Cervantes llamaba a esto caer en la cuenta de que tenemos un ánima o unos adentros; es decir, una vida. Pero ésta es breve y limitada, y queremos más vida, y vivir otras vidas, tener otros pensares y sentires, y esto es lo que encontramos en los libros, en los que otro ser humano, y, desde luego, los más altos espíritus de todos los tiempos, nos entregan lo mejor de ellos, admitiéndonos a su conversación.

Los antiguos, cuando se ponían a leer, se vestían sus mejores ropas, porque se sentían en la audiencia de esos grandes que habían escrito, y éstos se merecían la ceremonia de respeto que con los grandes del mundo se estilaba, porque aquéllos entregaban el más preciado don, al hacer de quienes leían sus iguales. Pero a nosotros nos lo siguen entregando; y sólo para los libros somos verdaderamente alguien.

Y, tras la lectura, luego, cuando hemos vivido otras vidas, nos hemos instruido, o convivido con la hermosura, u oído confidencias, caemos en la cuenta de que somos más de lo que éramos, y pensamos y sentimos de distinta o más profunda manera, y de que hemos recibido luz para comprendernos, consolación, y alegría y acompañamiento. Así que, entonces, nos hacemos inseparables de los libros.

Hace años que lo leí por primera vez y de vez en cuando tengo que rescatarlo.

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