Burgos. Paseo del Espolón

Este paseo provinciano convertido desde el siglo XIX en teatro ciudadano para ver y ser visto atraviesa, según las últimas informaciones recogidas en la prensa, un tiempo de decadencia y menoscabo de su antiguo esplendor.

Todo se debe, al parecer, a que no se ha revitalizado adecuadamente el centro histórico y cada vez se pasea menos por este singular escenario, a que viven menos personas ―y menos jóvenes― en sus alrededores, a que no se acaban de abrir esos establecimientos de postín que llevan cerrados varios años, no se animan las terrazas, no se inauguran nuevos locales y negocios, no estallan nuevos besos bajo la sombra de los plátanos.

Quizás radique ahí el problema: que los besos adolescentes ya no se roban tras un largo asedio de miradas ni estallan después de perseguir una zozobra insinuada. Y las primeras historias de amor ya no se escriben bajo el patrocinio de las estatuas neoclásicas.

Hoy todo es menos sutil y protocolario. Nacen los besos bajo el fragor del decibelio y las sílabas amorosas surgen y se alimentan en la fronda de los ordenadores y las pantallas planas.


Burgos. Paseo del Espolón.

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