Mostela

La mostela es un haz o gavilla de sarmientos que, aparte de alimentar la lumbre, es un combustible apreciado por algunos cocineros de arroces en Murcia, e imprescindible para asar como es debido las chuletas de lechazo a la parrilla en muchos pueblos de Castilla. En Sotillo de la Ribera (Burgos) se llama sencillamente haz; en otros pueblos, haz o gavilla indistintamente.

Pero en mi pueblo y en los del alfoz de Fuentidueña (Segovia) se llamaba ‘mostela’. Durante mucho tiempo creí que se trataba de un localismo sin mayor recorrido, hasta que lo vi en el DRAE, y con una etimología no por evidente menos extraña: del latín mustela (‘comadreja’). La pregunta es obvia: ¿qué tiene que ver una comadreja con una gavilla de sarmientos?

Corominas afirma que la lengua rural tiende «a servirse de nombres de animales para los conceptos de uso cotidiano». Y aunque ‘mostela’ es una palabra desconocida en la literatura escrita, Corominas la halló en un documento segoviano de finales del siglo XIII que decía: «una yunta de bueyes y treinta mostelas de yerba». El DRAE añadía que el nombre de mostela (‘comadreja’) se debió a «la forma y color de este animal».

Y entonces lo comprendí. Mi abuela era una experta en hacer mostelas. Todos saben que, cuando se podaba, los sarmientos tenían longitud variable y todavía estaban tiernos. De ese modo mi abuela iba formando la gavilla, alineándolos por el tronco, pero su distinta longitud iba en detrimento de su estabilidad y amenazaba ruina. Y ahí entraba la habilidad campesina. Para que ningún palo se soltara, desde media gavilla más o menos, se trenzaba el extremo de los sarmientos de la misma manera que el cabello. Cuando se secaban, los haces adquirían ese color pardo rojizo característico, y la trenza se enderezaba como una cola. Talmente como una comadreja.

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