Los conocimientos del corrector

La corrección es una operación necesaria e ineludible si se pretende que la edición de un documento (del tipo que fuere) sea profesional, es decir, que el resultado merezca la pena ser leído. El corrector es el responsable de que esto sea así.

Para explicar brevemente cuáles deben ser los conocimientos del corrector, me apoyaré en las pautas que propone la mejor escuela de formación de correctores: Cálamo & Cran.

El corrector debe contar con una base gramatical y un bagaje cultural amplio para poder centrarse únicamente en ciertas cuestiones que por su idiosincrasia o por sus características especiales puedan ser susceptibles de conducir al error.

Las áreas de verdadera utilidad en el trabajo de un corrector son:

— Gramática: el corrector debería conocer a fondo cuáles son las normas gramaticales que rigen el castellano y, sobre todo, aquellas otras que presentan ambigüedad, disparidad de criterios entre los expertos o distintas posibilidades de formación (régimen de verbos, participios dobles, concordancias y otros problemas de sintaxis).

— Léxico y morfología: hay que conocer la formación correcta de las palabras y de sus derivados, así como el significado preciso de cada término. Existen dos tendencias erróneas muy extendidas: una es la invención de términos y el uso de derivados rellenos de morfemas redundantes y completamente inútiles; la otra es la atribución a algunas palabras de significados que en realidad no les pertenecen.

— Ortografía: además de las normas básicas de ortografía y acentuación, es fundamental prestar atención a las palabras que tienen doble acentuación, acentuación ocasional o excepcional y, sobre todo, estar informado acerca de las actualizaciones sobre la acentuación de pronombres demostrativos, interrogativos, etc. Otra cuestión de ortografía bastante problemática es la forma correcta de escribir los términos extranjeros castellanizados por la RAE.

— Valoración textual: el corrector debe adaptarse a las necesidades del texto que está corrigiendo y de los contenidos que quiere transmitir. Es decir, no se corrigen todos los textos de la misma forma.

— Sentido y coherencia textual: habrá que analizar la estructura discursiva e intervenir en los casos en los que se produzcan altibajos significativos, solucionar las faltas de conexión entre los contenidos y presentar un discurso lleno de significado interno.

— Capacidad de investigación: es habitual que a un corrector se le presenten dudas mientras realiza su trabajo. Es importante que el corrector conozca libros, enciclopedias o diccionarios especializados suficientes como para poder responder a cualquier cuestión que se le presente. Debe ser capaz de solucionar las dudas que se presenten de manera rápida y concreta.

— Sentido común: un corrector con poca capacidad de análisis objetivo y con dificultades para adaptarse puede ser un peligro. Se obtiene mayor beneficio y satisfacción cuando se mantiene una actitud dialogante.

— Distancia: es importante (en las correcciones de estilo) mantener la distancia con el texto. No debe apoderarse de él. Hay que recordar que el corrector de estilo no es el autor del texto, solo la persona que lo analiza, lo disecciona, saca conclusiones y, finalmente, toma decisiones.

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