Escritor, ponga un corrector en su vida

Bueno, pues resulta que los correctores también tienen su día. Justamente el 27 de octubre.

¡Felicidades, por supuesto! Y… que cumplamos muchos más.

Los correctores son, como ya hemos explicado en más de una ocasión, una estirpe demasiado desconocida, pero a la vez demasiado importante, como para pensar que se puede prescindir de ellos.

Recuérdese lo que escribió Lope de Vega: «Hay mucho intervalo desde el primer diseño a la postrera lima» o «En lo borrado se conoce lo que se piensa; que quien no piensa no borra». Si trasladamos ese pensamiento a una época contemporánea nos encontramos con este gremio tan poco reconocido.

No haría falta llegar a la anécdota de Jesús Campos García, autor teatral vinculado al llamado «Nuevo Teatro Español», que ante la pregunta de qué le parecía la censura franquista contestó, con esa ironía tan propia, que estaba encantado, porque le corregían hasta las faltas de ortografía, pero sí es necesario incidir en que a pesar de que hay textos buenos y malos —por supuesto—, hay textos correctos e incorrectos y esta es una criba aún más importante.

Como buen día de celebración, hay actos preparados, como los que ha organizado la Unico. La tradicional «cacería de erratas», ya un clásico, o el encuentro de correctores profesionales esta tarde en Madrid son un ejemplo. Pero sobre todo merece destacarse el encuentro con Manuel Seco, que presentará su Diccionario de dudas y Diccionario de uso del español.

Lo dicho, felicidades.

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